Revista El Pato - Junio 2014
Pesca Serrana

Sgo. del Estero. Misky Mayu: la amargura de un desastre y la dulzura de una esperanza

Texto: Gabriel Luis Paccioretti
Fotos: Claudio Cardinale

Rincón de los que recién empiezan en la pesca con mosca. Shock leader: líder de acero que se coloca delante de la mosca para evitar que la dentadura del dorado corte el nailon. Leader: elemento, generalmente de nailon, de grosor en degradé que une la línea con la mosca. Shooting: tipo de línea que facilita los lanzamientos largos y con moscas grandes. Cast: lanzamiento.

Fue uno de los destinos más codiciados de pesca del dorado con mosca, un caos ambiental provocó la muerte de sus peces. Hoy vivimos su recuperación.

Como tantos otros mosqueros, a principios de octubre enfilamos hacia Loreto calculando las fechas para llegar en el tiempo justo: cuando la primavera empieza a calentar las aguas pero, a la vez, adelantándonos al calor abrasador del verano. Allí nos esperaba Mario Leguizamón, un viejo baquiano que nos acompaña a pescar en las aguas del Dulce. Una idea fija nos lleva a esos pagos loretanos: sentirle el pulso al río para corroborar su redención.

Dulces recuerdos del Dulce
Río Dulce, literal traducción de la voz quechua Misky Mayu…Las fotos y las anécdotas de los pescadores que pudieron gozar de este río cuentan de jornadas memorables donde era común obtener varios dorados de gran tamaño en el mismo día. Escuchar estos relatos de dorados inmensos que “lomeaban” como delfines cazando sábalos pone la piel de gallina de los relatores y de sus escuchas, tanto por los tamaños de los peces como por la frecuencia de esas escenas. Y no hay verso: sobran las fotos de magníficos dorados de diez o doce kilos y los recuerdos de cañas destrozadas por esos verdaderos monstruos color oro.

Cuenta mi amigo “Lalo” Dela Croce en el blog de Carlos Ingrassia (www.carlosingrassia.blogspot.com, que recomiendo fervientemente visitar): “En el año 2000 fuimos por primera vez a pescar al río Dulce medio. Por aquella época había allí una muy buena población de dorados grandes, súper bien alimentados gracias a una impresionante cantidad de sábalos y bagres. En aquella oportunidad, luego de dos días de castear infructuosamente a dorados cazando a nuestro alrededor y de ver cómo uno de doce kilos capturaba un sábalo de un kilo y medio que derivaba casi moribundo, se hizo evidente que a esos dorados iba a ser muy difícil tentarlos con nuestras moscas de tamaño “normal” (en esos días considerábamos normal a las moscas de 12 o 14 cm.).

Durante el asado todos estuvimos de acuerdo en que tal vez la solución pasaba por aumentar, entonces, drásticamente el tamaño de nuestras moscas, si queríamos tener alguna posibilidad de captura. ¡El problema era que no teníamos moscas más grandes!

Por suerte se me ocurrió, in situ, unir dos moscas Andinos pasando la punta del anzuelo de una por el ojo de otra y así lograr una mosca ‘articulada’ que casi duplicaba el largo y silueta de las que estábamos usando. La respuesta no se hizo esperar: en el primer cast clavé uno de esos bichazos que nos habían estado haciendo pito catalán por dos días ... ¡Te podrás imaginar nuestra sorpresa ante esa respuesta inmediata! Al instante, el resto de la banda me imitó y cada uno obtuvo piques y algunas importantes capturas en lo que restaba de ese último día de pesca.

Pocas veces había vivido una experiencia tan contundente… Aquí no cabían elucubraciones, ni análisis de escritorio, ni nada: habían sido los mismos dorados que, en el momento, pasaron de rechazarnos metódicamente las moscas a decirnos “esto sí es lo que nos gusta”.

Me los imagino viniendo, en el mismo viaje de regreso a casa, obsesionados con dos ideas fijas: atar moscas más grandes y organizar el regreso. Fue así, más o menos, cómo comenzó el peregrinaje de los rosarinos a Loreto e hicieron su aparición moscones de 20 o 25 centímetros, que más se parecían a palomas atadas a anzuelos que a delicados artificiales de fly fishing.

Hacía muchos años ya que los mosqueros cordobeses aconsejaban visitar el Dulce, sobre todo en la zona aguas abajo de la represa. Pero los variados robos y hechos vandálicos de los que los mosqueros eran objeto desalentaban al más pintado. Los santiagueños achacaban a los tucumanos esos hurtos, creo que más por la vieja rivalidad que por la fama con la que cargan.

Cuando el Dulce se vistió de luto
Lo recuerdo con mucha nitidez porque me impactó la tristeza en la cara de Lalo: “El Dulce es un desastre… dicen que está lleno de pescados muertos…”

Todavía no se sabe qué pasó y, como muchas cosas en este país, mucho menos quiénes son los responsables, pero el río sufrió un durísimo golpe que lo dejó diezmado: dorados, sábalos, bagres… cuentan que todo flotaba muerto aguas abajo.

Algunos sostienen que fue culpa del vertido de desechos de una empresa; otros, que fue una famosa minera ubicada muchos kilómetros río arriba y en otra provincia; unos más, que la responsable fue la represa de Río Hondo, que muchas veces corta el flujo dejando casi seco el cauce. Lo cierto es que no hubo explicaciones oficiales ni responsables presos. En fin, la “argentinidad al palo”, como diría la Bersuit. Lo único firme y fuera de todas dudas es que el río quedó “vacío” por varios años.

Mario nos lo relata con mucha tristeza: “Fue en el 2003… cuando llegué al río me dieron ganas de llorar… había dorados muertos que nadie hubiera pensado jamás que existían… de doce o quince kilos… muchos… muchísimos… todos muertos”. Los tres o cuatro años siguientes fueron de pesca nula o casi nula. Recién comenzó a notarse cierta recuperación allá por el 2008.

En este viaje del 2010 pudimos ver que los dorados están allí, creciendo en tamaño y número, lo que nos esperanza, pero también nos alerta sobre el futuro. La rápida recuperación de este río no debe tapar la culpa de los responsables de ese desastre ni de la irresponsabilidad de los funcionarios que no prevén, no controlan, no sancionan. Varios “no” que los convierten en responsables por omisión.

Sobre este último punto, uno no sale del asombro. De camino, tanto por la Ruta Nacional 9 como por la 34, cualquier viajero puede constatar la existencia de decenas de puestos en la banquina ofreciendo para la venta tortugas, pájaros, cueros (de pumas, gatos montés, zorros, etc.) y hasta boas lampalaguas por unos pocos pesos; todo a la vista de todo el mundo con carteles enormes. Pero eso sí, cuando volvíamos de pescar, por la ruta que va de Loreto a Brea Pozo, un grupo de guardafaunas nos controló nuestros permisos de pesca.

A ver, déjeme explicar… Es perfecto que controlen que los pescadores tengan su permiso (cosa que hicieron muy correcta y respetuosamente) y es algo para felicitar y digno de un aplauso, pero también deberían hacer sus controles en otros lugares, a menos que crean que los depredadores son los turistas pescadores.

Además del tráfico de fauna a plena luz del día, hemos visto redes cruzadas a lo ancho del angosto río, colándolo literalmente hablando, y, donde uno vaya, gente pescando con “robadores” y “chuzas”. Llama la atención que, como dice el evangelio, “cuelen un mosquito y se traguen un camello”. O quizás sea el palmario reconocimiento de la pobreza en la que vive la población que está casi obligada a recurrir al tráfico de fauna para subsistir. Peor aún, que vivan de la caza de subsistencia. Una pena…

La dulce esperanza
Este año volvimos al Dulce con la esperanza de los comentarios de varios pescadores y del mismo Mario que nos animaba diciéndonos que “está bastante mejor que el año pasado”.

En el 2009 lo vimos con doraditos menores a los dos kilos, pero este año el promedio subió un poco. Marcelo Lluch de La Pampa sacó uno lindo, de tres kilos, y a Fernando Motta de Rosario se le escapó uno que debe haber rondado los cuatro o cinco. Pero lo más alentador fueron los que vimos “lomear” y no se dejaron tentar por nuestras moscas.

Los dorados estuvieron difíciles y costó bastante hacerlos picar, pero el panorama fue más que prometedor por la actividad que vimos y los tamaños que se insinuaron.

Breve semblanza del Dulce
La fisonomía de este hermoso río es sumamente atractiva, porque permite caminar sus meandros y extensísimas playas buscando a los dorados detrás de los miles de troncos y raigones que ofrecen guarida.

Como cualquiera sabe, ningún pez cazador espera a sus presas en medio de la fuerte corriente porque, como cualquier ser vivo, está atado a la más básica economía: no puede gastar más calorías para mantenerse en la correntada que las que le ingresarán con el alimento capturado. Por eso se resguardan en pozos, piedras, troncos, en fin, cualquier obstáculo que los proteja de la corriente y los ponga en situación de superioridad con respecto a su presa.

En el Dulce he pescado generalmente en troncos o raigones arrastrados por pasadas crecidas que forman correderas en zonas profundas o en las curvas del río. El cauce es de arena y de pendiente muy suave, libre de piedras y correderas convencionales, lo que reduce los lugares de acechanza de los dorados a los obstáculos proporcionados por los palos y troncos. La cosa es muy simple de comprender, si uno observa con cuidado los raigones que hay en la zona seca, pero que estuvo cubierta con otro nivel de agua: se nota claramente debajo de ellos áreas cavadas por la corriente donde se guarecen los dorados, de la misma manera que las truchas, a la espera de que la corriente les traiga su alimento. Allí hay que pasar la mosca. A esta altura, usted debe entender muy bien por qué se pierden tantas.

Es muy útil usar algún anti-enganche para evitar perder demasiadas moscas, aunque indefectiblemente se perderán muchas, porque mayormente el que no arriesga no gana. Este sistema anti-enganche es muy simple y puede hacerse de muchas y muy diferentes formas. Les contamos solo dos de ellas (para la mejor visualización se utilizó nailon y alambres más gruesos y, por la misma razón, el anzuelo pelado):

1. Un nailon de 0.50 o 0.60 va atado desde el ojo del anzuelo hasta la parte trasera de la mosca cubriendo la punta del anzuelo. Este “rulo” se aplasta ante la mordida permitiendo la clavada, pero evita que un simple roce en una rama signifique un enganche. Para atar la mosca con este sistema, primero se ata el nailon en la curva del anzuelo (foto 1A); luego se atan todos los materiales (pelos, plumas, sintéticos, etc.) para hacer la mosca; por último se ata el otro extremo del nailon en el ojo del anzuelo (foto 1B). También puede hacerse con el nailon doble.

2. Un alambre fino y resistente (como el que usan los odontólogos) doblado al medio a manera de una V de ángulo muy angosto (foto 2A), atando las dos puntas cerca del ojo del anzuelo; luego se hace un pequeño doblez en el vértice de la V angosta (foto 2B); finalmente se posa el vértice sobre la punta del anzuelo procurando que forme una panza que protegerá la punta de enganches en las ramas (foto 2C).
Otra cosa que me resulta muy seductora de este río es la posibilidad de pescar caminando, vadeando en cómodas playas de arena de suave pendiente sin más atuendo que un short de baño. Aquí debemos aclarar que no hay rayas, que siempre nos preocupan a los que pescamos en el Paraná por sus peligrosísimas púas. Además no es necesario lancha ni waders: basta con una pequeña riñonera o, como elegí, un chaleco de pesca confeccionado con una tela tipo red (como las viejas camisetas “balleneras”, ¿se acuerda?). El equipo indispensable debe contar con:
• Bastantes moscas, porque se pierden muchas y, de ser posible, con anti-enganche (ya explicamos por qué).
• Cable de acero para confeccionar los shock leaders: es más aconsejable llevarlos cortados a la medida para evitar sumar un alicate al equipo.
• Pinza porta-agujas tipo Mayo, como la que usan los veterinarios para suturar, para quitar la mosca de la boca del dorado con la tranquilidad de tener lejos los dedos.
• Nailon y leaders de repuesto.
• Línea de flote y de hundimiento (prefiero los shootings, inclusive el shooting de flote).
• Gorro o sombrero y protector solar, porque el sol es inclemente.

Así de simple y sencillo. Así de cómodo pescará en este hermoso río.
Con los amigos pampeanos la pasamos bárbaro: vimos que el Dulce se recupera más rápido de lo que se esperaba; nos comimos unos asadazos bárbaros y revivimos la amistad en ese maravilloso paisaje. Ni hablar de los chivitos que asó Mario y de la peña que organizó para nosotros, con una trasnochada con vinito y chacareras. Todo dignamente santiagueño.

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+ info

Agradecemos a Mario Leguizamón: 0385-15-409-8421

ROMANCE DEL RIO DULCE (zamba)
Letra y música: D. Lugones, H. Banegas, J. C. Carabajal

Lo ven las nubes y el cóndor
nacer en las cumbres altas
guanaco de los deshielos
corriendo por las montañas.
Misky Mayu, Misky Mayu...
las voces quichuas lo llaman.

Y por no querer detenerlo
hay un pañuelo de zambas
un canto de chalchaleros
y la luna tucumana.
Misky Mayu, Misky Mayu...
las voces quichuas lo llaman.

Pero el río tiene prisa
de llanura y de vidala,
por eso viene bajando
porque lo apuran las cajas
porque hay sabores muy dulces
de miel y aloja en sus aguas.

Después la blanca salina
tierra sedienta y amarga
la soledad de los jumes
y las noches sin guitarras.
Misky Mayu, Misky Mayu...
las voces quichuas lo llaman.

Y por quedarse en Santiago,
fluvial presencia en el mapa,
se desborda en los bañados
entre un malambo de garzas.
Misky Mayu, Misky Mayu...
las voces quichuas lo llaman.

Pero el río tiene prisa
de llanura y de vidala,
por eso viene bajando
porque lo apuran las cajas
porque hay sabores muy dulces
de miel y aloja en sus aguas.

Protagonistas

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